Bienestar en el trabajo, una evolución necesaria

Durante la construcción del Canal de Suez, entre 1859 y 1869, murieron al menos 120.000 trabajadores. Tiempo más tarde, durante la construcción del Canal de Panamá (1904  a 1914), perdieron la vida más de 25.000 personas. Mucha agua ha corrido en esos canales desde aquel entonces. Las leyes laborales, sea por fortuna o necesidad, cambiaron para mejorar. Con un sangriento y doloroso aprendizaje, las organizaciones han comprendido que aquel que desee competir globalmente conservando su talento y asegurando un desempeño excelente (tanto individual como organizacional), debe anticipar las motivaciones de su fuerza laboral. Luego, necesitará trabajar de manera proactiva y consistente para poder sostener y desarrollar ese bienestar a lo largo del tiempo.

En Recursos Humanos hemos presenciado gran cantidad de modas y tendencias que así como llegan, se van. Es lícito preguntarse entonces si el «bienestar del empleado» es otra de tantas modas pasajeras o es una genuina evolución del comportamiento y de las expectativas en el lugar de trabajo.

La pandemia aceleró el crecimiento del trabajo remoto e híbrido. Existe hoy una mayor distancia entre el trabajador y su propia organización, que aparece más desdibujada, deslocalizada, laxa y con menos forma que antes del COVID. Más allá del cambio colectivo de conciencia post-pandemia, el bienestar difiere singularmente de muchas otras modas pasajeras porque está instalado en la parte más fundamental y básica de la conducta humana e incluso del «cableado» cerebral. Con esto quiero significar que la mayoría de los seres humanos buscan estar mejor, ser más felices y evitar -lo más posible- el sufrimiento.

También tenemos anhelos y deseos, perseguimos ciertas metas porque asumimos que nos harán más felices. Tenemos miedo y rechazamos cualquier cosa que nos pueda causar dolor físico o sufrimiento mental. No nos gustan las sorpresas desagradables ni las incertidumbres. Preferimos el placer, la diversión, los comportamientos medianamente predecibles y todo aquello que podamos mantener bajo cierto grado de control. Cuando creemos que algo puede constituir una amenaza para nuestro bienestar, lo evitamos o lo combatimos. Nos gusta el cambio… pero siempre y cuando sea para mejor.

El nuevo foco en el bienestar y la felicidad de los empleados es un cambio sistémico. Llega de la mano de un cambio generacional, un cambio tecnológico, un cambio social y educativo, un cambio en el estilo de liderazgo, cambios regulatorios y legales, avances notables en las ciencias de la conducta y el cerebro, cambios en la dinámica de los medios y formas de comunicación, etc.

Felicidad en el trabajo

Sabemos bien que las organizaciones no se ocupan del tema del bienestar del trabajador «por amor», pero el hecho de estar utilizando internamente términos tales como «felicidad del empleado», «experiencia del empleado», «bienestar organizacional» o «salud mental del trabajador», ya es un enorme paso adelante en la dirección correcta. Si lo comparamos con los tiempos de la construcción del Canal de Suez o del Canal de Panamá, la «felicidad del trabajador» no era en aquel entonces ni una prioridad para el management ni tampoco para los gobiernos de turno.

El «trabajador del conocimiento» actual llega a su rol altamente entrenado. Con muchos años de estudios, competente, autónomo, creativo y con numerosas herramientas tecnológicas a su disposición. Sin duda es un trabajador mucho más difícil de liderar y de mantener satisfecho. Por ello, las organizaciones son más «dinámicas», con gente entrando y saliendo todo el tiempo, culturas «líquidas» y en permanente transformación.

La velocidad para generar cantidades colosales de nueva información (incluida la desinformación y el ruido), también genera mayor entropía, complejidad y ebullición interna. En ese contexto, lograr que la mayor parte de los empleados estén felices, motivados y comprometidos con la organización y con su rol es un objetivo cada vez más difícil de asegurar.

Los modernos profesionales de Recursos Humanos, dotados con algo más de tecnología pero con cada vez menos personal, están estresados buscando el santo grial de la inteligencia artificial, el secreto de las futuras competencias para empleados digitales, la visualización de datos prospectivos de su fuerza laboral en tiempo real,  el impacto de la automatización y la robotización en la planificación de nóminas, etc. Entre medio, se enfrentan a una creciente crisis de credibilidad interna porque han dejado en segundo plano algunos aspectos básicos del cuidado de la motivación y la psique humana. Tengamos en cuenta que la evolución del cerebro, la conducta y el genoma humanos, no ocurren a la misma velocidad que se da el cambio tecnológico. El trabajador siempre llega en un segundo puesto. Lo único que crece a velocidad exponencial son las expectativas sociales, empresariales y personales, que parecen siempre alejarse.

Inmersos en esta aceleración y vértigo de cambio, los directivos pueden perder de vista la importancia de trabajar siempre con un ojo puesto en las métricas de clima laboral. Las múltiples tendencias y modas de mercado, combinadas con las presiones internas de rendimiento y transformación, pueden llegar a confundir o distraer incluso al mejor gerente.

Elon Musk trabaja en instalar una interfaz cerebral para conectarnos directamente a internet y poder incrementar nuestras capacidades. Tal vez ese sea un paso necesario para alcanzar la velocidad del cambio tecnológico. Sin embargo, y hasta tanto no logremos cambiar nuestra propia biología a voluntad, el foco en el bienestar del empleado y en la preservación de su salud mental, seguirán siendo una prioridad y una necesidad.

La felicidad y el compromiso del ser humano es el epicentro de su vida laboral y también de su vida personal. Más que una moda pasajera, estamos en presencia del resultado de un largo proceso evolutivo que ha costado sangre, sudor y lágrimas a muchas generaciones de trabajadores (y esclavos) que nos precedieron. Cuidemos de estos avances dedicando nuestra atención, nuestro tiempo e inversión al «activo más valioso», la persona.

Si crees que tú, tu equipo o tu empresa necesitan soporte con su bienestar, su clima laboral o el desarrollo de sus líderes, escríbenos a CONTACTO. Podemos contribuir!

Nota del Lic. Leandro Javier Perez Surraco

 

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